Merodeadora
-¿Hola?- Dijo por lo bajo, con miedo de recibir respuesta. Se giró nuevamente y esta vez lo escuchó con claridad. gemidos.
Alguien parecía estar sufriendo y se escuchaban sus lamentos mezclados en pedidos de ayuda. Ana miró por el pasillo, con miedo de ser atrapada donde no debía, pero al ver lo desolado del camino se quedó allí parada tratando de identificar por donde llegaba el sonido.
Abrazó su cambio de ropa a su pecho con nerviosismo y caminó lento siguiendo los quejidos de dolor. Mordió su labio para contener todo sonido y se detuvo frente a la puerta.
Volvió a mirar a su derecha, luego a la izquierda. Nadie parecía llegar. Levantó la mano con duda, la miró unos segundos sujetando el picaporte ¿Debía mirar? ¿No estaba cometiendo un error? Los gemidos de dolor del otro lado seguían sonando mientras ella pensaba si estaba bien entrometerse.
“Tal vez es la enfermería” se dijo, aunque sabía que no era así, ella había estado en la enfermería y no estaba detrás de esa