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-Hola Zek. -Saludó y pasó por su lado para entrar al templo.
El interior estaba tibio, impregnado de ese olor antiguo y ya conocido, cera y hierbas secas que siempre lograba calmarla un poco. Las antorchas ya estaban encendidas, proyectando sombras largas sobre los muros tallados. Ana avanzó unos pasos más antes de detenerse, como si recién entonces notara que no estaba sola.
Zek entró detrás de ella, cerrando la puerta con cuidado.
-Vaya ¿Es un no? -Comentó con una sonrisa lad