Capitulo 5 Maldición ¡Esperame!

La cadena le había raspado la piel lastimándola.

Ashven ignoró su reclamo. Sus ojos la sigueron recorriendo, buscaban algo más.

-¿Qué más llevas encima? -Inquirió, impaciente.

-¿¡Perdón!?

-¡Metal! ¿Tienes más metal? Anillos, broches, hebillas…

Antes de que ella pudiera responder, Ashven se agachó y tiró con fuerza del bajo de su vestido. Rasgó la tela sin miramientos.

-¡¿Estás loco?! -Gritó Ana, apartándose con un manotazo.

Tener a ese hombre encima le había recordado el sueño, las manos tocando, no lo dudó y alzó su mano abofeteando con fuerza la mejilla de él.

El golpe resonó con un sonido seco. 

Ashven se quedó inmóvil un instante, su rostro ladeado por el golpe. No dijo nada. Solo chasqueó la lengua con fastidio y se agachó con las cosas.

Ana se alejó un par de pasos, furiosa. Respiraba agitada, aún sin entender qué pretendía.

-¿Tú plan es desnudarme y esperar que los guardias se apiaden? -Preguntó acomodando el vestido para cubrir sus piernas, allí donde tocó. 

-No seas idiota. -Murmuró, más para sí que para ella.

Enrolló el trozo de vestido y sujetó entre sus dedos la piedra de una de las paredes. La examinó. Era rugosa, con vetas de hierro oxidado.

-Necesito una chispa. -Dijo finalmente, más para él mismo que cómo explicación.

-¿Para qué? -Preguntó Ana tratando de mirar. 

-No puedo crear fuego. Solo puedo controlarlo… si ya existe.-Ana frunció el ceño, aún desconcertada, eso no explicaba nada. 

Ana seguía mirándolo, molesta… pero también intrigada. La rabia no impedía que su mente funcionara.

Sí él sabía una forma de escapar debía ayudar. 

Ashven colocó con cuidado el collar cerca de la piedra rugosa. Luego, con paciencia y precisión, comenzó a golpear.

El metal raspó la roca una, dos, tres veces… hasta que una chispa diminuta saltó al borde de la tela.

Ana contuvo el aliento.

La chispa se apagó de inmediato.

Ashven no se inmutó. Repitió el gesto. Esta vez con más fuerza.

La fricción generó una pequeña llamarada que lamió la tela durante un segundo antes de morir.

-Casi. -Murmuró.

Ana se arrodilló junto a él sin decir palabra. Aprovechó para mantener su cuerpo cerca del calor que emanaba el tipo y observó lo que pretendía hacer. 

Golpeó de nuevo.

La chispa saltó… y esta vez, el trapo comenzó a arder lentamente.

Ashven no perdió el tiempo. Colocó ambas manos cerca del fuego y cerró los ojos.

La llama, débil y temblorosa, comenzó a crecer como si respirara su energía.

El calor se extendió por la celda, empujando al frío hacia los rincones.

Ana retrocedió un paso, desconcertada por lo que veía. Entonces, Ashven abrió los ojos.

Ahora estos brillaban como brasas encendidas, de un rojo intenso que parecía desbordar encendido, brillante, vibrante.

No había humanidad en esa mirada, solo intensidad. Poder puro. Peligroso.

La llama abandonó la tela sin previo aviso y se deslizó como un animal dócil hasta la palma de Ashven,cuando se pasó a su mano derecha No lo quemó.

No dejó marcas. Se aferró a él como si le perteneciera.

Ashven se puso de pie con el fuego y caminó hasta la puerta. 

Ana no daba crédito a lo que veía, paralizada.

¿Quién demonios era ese hombre?

 ¿Cómo era eso posible? 

El fuego cubrió la cerradura apenas su palma se apoyó sobre el metal.

Al principio, no pasó nada. Pero luego, muy lentamente, el hierro comenzó a cambiar de color. Pasó del gris apagado al rojo oscuro, y luego a un anaranjado candente.

El calor se volvió insoportable incluso desde donde ella estaba.

El metal crujió. Se ablandó. Goteó como cera fundida.

Ana dio un paso atrás, con la boca entreabierta. No por miedo. Por asombro.

Ashven mantuvo la mano firme mientras el calor hacía su trabajo.

No parecía afectado, ni siquiera por las gotas incandescentes que caían a sus pies.

Cuando detuvo el trabajo, la llama se encogió en su palma y simplemente abrió la puerta, el chirrido asustó a Ana, que pensó que se darían cuenta de lo que habían hecho, pero para él no parecía haber problema, ese hombre simplemente llevó la llama pequeña a la punta de su dedo índice e hizo lo mismo con el candado de su mano.

Dejó que el material se calentara hasta derretirse y se liberó con facilidad. 

-Ey esto resultó útil. -Dijo colocandose el collar que le había arrancado. 

Entonces salió sin más de la celda dejándola atrás, con los grilletes en sus manos y sola. 

-Espera…- Se apresuró a correr. -Maldición ¡Esperame! -Sus pasos retumbaron por el pasillo oscuro y Ashven caminó sin preocupación, aun cuando sabía que le dolían sus rodillas, él no aminoró el paso. 

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