CAPÍTULO 107 — LA SEGUNDA EMBOSCADA.
En Lumeria en un terreno seco con rocas partidas y arbustos espinosos que arañaban las botas de los soldados de Zafir. El aire olía a tierra removida y cuero húmedo, el viento cortante levantando polvo que irritaba los ojos. Eros, con la armadura abollada y manchada de sangre seca, caminaba entre sus hombres, el rostro endurecido por la furia que le apretaba el pecho. La derrota del día anterior lo consumía, el recuerdo de Alexandra burlándolo quemándole la mente como ácido. Un espía llegó, jad