129. YO MANDO AHORA
NARRADORA
Por más maldiciones que le gritara a su loba, por más que lo intentara, Miska sentía como si la estuvieran arrastrando por el suelo.
No solo estaba perdiendo. Estaba perdiendo de la forma más humillante posible.
Dos enormes lobas se despedazaban bajo la luz de la luna.
El valle apestaba a sangre, y casi toda pertenecía a la Alfa.
¿Cómo iba a igualar su fuerza una Omega? ¿Cómo podía otra Serafina estar domando la rabia de su Alfa?
Las quejas de Miska no importaban.
Vio a su loba estrel