130. UN BAÑO... MUY CALIENTE
KADEN
Miré hacia abajo, sintiendo el sudor resbalar por mi pecho.
Ni siquiera sé por qué encendí la calefacción si ya sabía que iba a tener a una lobita peludita y posesiva encima de mí.
Acostado en mi cama, en mi habitación de la Academia, acaricié despacio el lomo de Thera.
Había hecho un berrinche, negándose a dejar salir a Isabella, y ahora estaba profundamente dormida, recuperando fuerzas, muy cómoda sobre mi cuerpo.
Mis dedos se perdían entre las hebras de su pelaje suave, y bajé la nariz