116. APOSTANDO POR LA SERAFINA EQUIVOCADA
NARRADORA
—¡Aah!
—¡Cállate! —Kaden le rugió a la mujer que volvía a gritar, y ya lo estaba hartando.
—Agarra a esa y salgan las dos del cuarto. ¡Ahora! —la orden cayó impetuosa, su aura explotando de golpe, y entonces Héctor lo reconoció.
Joder, un lycan… y no cualquiera de ellos. Sentía el peso del linaje que controlaba a los hombres lobo.
Un lycan de la casa real… el príncipe Aurelius.
—Su… ¿su majestad…? ¿Qué significa esto? —Héctor al fin reaccionó, mirando de soslayo a la mujer que se