117. DESOLLANDO A UN ALFA
NARRADORA
Pronto lo supo cuando la ráfaga de dolor lo llevó a gritar en su propio mundo interior.
La conexión con su parte animal había sido cortada de golpe, de manera cruda y sin compasión.
Sin embargo, no había muerto, y tampoco su lobo.
Ambos estaban desconectados: no podían cambiar de una forma a otra, pero aún compartían la agonía entre sus cuerpos.
“¿Qué me has hecho, maldito? ¡¿Qué me has hecho?!” Héctor rugió viendo, a través de los ojos de su lobo, unas botas que se pararon frente a