La semana en Black Group había sido un torbellino de cifras, auditorías y noches frente al monitor. Andrés Black era un hombre exigente, un perfeccionista que no aceptaba un "casi" por respuesta, pero para mi sorpresa, no era el monstruo desalmado que Tyler siempre describía en sus ataques de ira corporativa. Era directo, sí. Era competitivo hasta la médula, por supuesto. Y tenía un aire coqueto, una forma de sonreír que parecía diseñada para desarmar a cualquiera, pero conmigo mantenía una lín