El aire en la sala de juntas de Industrias Fox se sentía viciado, cargado de un resentimiento que no lograba disipar ni el sistema de ventilación más avanzado. Me mantuve sentado en la cabecera de la mesa, con la pluma fuente girando entre mis dedos, observando cómo mis "aliados" recogían sus carpetas con una prisa insultante.
Frente a mí, con una sonrisa de tiburón que me revolvía las entrañas, estaba Andrés, uno de mis rivales más encarnizados en el sector inmobiliario. Habíamos pasado dos ho