La mansión Fox se había convertido en un campo de batalla donde los prisioneros —Leo y Mia— habían tomado el control de las celdas. En apenas cuarenta y ocho horas, la agencia de élite que Beatriz tanto presumía había enviado a tres candidatas diferentes. Ninguna duró más de seis horas.
La cuarta, una mujer de aspecto severo llamada Greta, bajaba en ese momento las escaleras con el moño deshecho y una mancha de pintura azul en su impecable uniforme blanco.
—¡Es imposible! —exclamó Greta, dirigi