Cuando Jules sale del camarote de Dauphine, cerrando la puerta con cuidado para no despertarla, se encuentra de frente con Andrea.
—Ay, perfecto, justo a ti te estaba buscando —dice Andrea con una sonrisa cómplice—. El señor Leduc me ha dado instrucciones de quedarme con Dau y que tú subas a cubierta para la cena.
Jules parpadea, completamente desconcertada.
—¿La… cena? —repite.
¿Cena? ¿Con Alec? ¿A solas?
Su corazón da un pequeño salto que no logra controlar, seguido de otro, y otro más, como si su cuerpo hubiera entendido algo antes que su cabeza.
—Pero Dauphine acaba de quedarse dormida —añade—. Y no ha cenado aún.
Andrea niega con la cabeza mientras abre la puerta del camarote de la niña.
—Sí cenó. El señor Leduc se encargó personalmente de eso —dice—. Quiere hablar contigo a solas.
Se gira antes de entrar y le guiña un ojo.
—Buena suerte.
La puerta se cierra y Jules se queda sola en el pasillo, inmóvil durante unos segundos.
Una conversación a solas.
El estómago se le anuda. La p