Michello y Chloé se saludan con una cercanía que resulta imposible de malinterpretar.
Él inclina ligeramente la cabeza hacia ella, demasiado cerca.
Chloé sonríe con esa seguridad elegante que siempre la acompaña, una mano rozándole el antebrazo como si el gesto fuera casual… aunque claramente no lo es.
Hay complicidad en la forma en que se miran, una familiaridad peligrosa.
Comienzan a hablar casi de inmediato, pero lo hacen mayormente en francés.
Jules, escondida tras una pared desconchada,