Alec se mueve por la oficina con una naturalidad que delata la costumbre. Cada gesto es preciso, controlado, casi elegante.
Jules lo observa en silencio mientras él se acerca a la cafetera de diseño integrada en uno de los muebles laterales.
No le pregunta si quiere café. No espera respuesta. Lo prepara.
El sonido del vapor llenando la estancia rompe el silencio espeso que se ha instalado desde que entraron.
Alec manipula la máquina con la soltura de alguien que ha repetido ese ritual ciento