—¿Cómo que ha buscado un reemplazo? —pregunta Jules, incapaz de creer lo que acaba de oír.
La frase queda suspendida en el aire, pesada, absurda. Como si Tabitha hubiera pronunciado una broma de mal gusto.
—Así es —responde ella con cautela, midiendo cada palabra—. Por eso te pregunté si había pasado algo entre ustedes.
Jules aprieta el móvil con fuerza, tanto que los nudillos se le ponen blancos.
Su mente empieza a girar, a unir piezas que no quiere aceptar.
Chloé, sentada con arrogancia en