Alec la guía hacia una puerta lateral de la capilla, discreta, casi escondida entre columnas de piedra oscurecidas por el paso del tiempo.
La abre sin esfuerzo y deja al descubierto una estrecha escalera de caracol que asciende en espiral, perdiéndose en la penumbra.
—Por aquí —dice, con una sonrisa que promete algo más.
Comienzan a subir. Al principio Jules se siente bien, intrigada, incluso emocionada, pero pronto las escaleras se vuelven interminables.
Los escalones son altos, antiguos, ir