La noche cae sobre La Sirène con una elegancia calculada, como si incluso el cielo supiera que algo importante está a punto de suceder.
Después de la cena, el yate se sumerge en una calma distinta. No es silencio: es expectativa. El murmullo del mar golpeando suavemente el casco, el tintinear lejano de copas que empiezan a disponerse en cubierta, pasos apresurados del personal ultimando detalles.
Dauphine ya duerme.
Jules se queda unos segundos de pie en la puerta del camarote de la niña, obser