El sol de la tarde se derrama sobre el Mediterráneo con una generosidad casi insolente.
El agua brilla como una superficie viva, salpicada de destellos blancos, y el murmullo constante de las olas se mezcla con el sonido lejano de la ciudad.
El puerto queda atrás mientras Jules camina junto a Alec, con Dauphine adelantándose unos pasos, incapaz de contener su energía.
La cafetería aparece entre palmeras y mesas de hierro forjado, abierta al mar como si no tuviera nada que ocultar.
Toldos clar