El silencio se estira entre ellos, pesado, como si ambos supieran que lo siguiente que se diga tendrá consecuencias irreversibles.
Jules apenas logra sostener la intensidad de esos ojos verdes que parecen diseccionarla, mientras el aire cargado de salitre se enreda entre sus cabellos rubios.
Su corazón late a un ritmo frenético, tanto que teme que Alec pueda escucharlo.
—¿Fingir? —repite él al fin, con voz grave, arrastrando cada sílaba como si la saboreara.
Jules asiente, sin apartar la vista