Jules camina casi sin sentir el suelo bajo sus pies. Sus pasos la llevan de forma automática al mismo pasillo lateral, a esa zona menos iluminada del yate donde horas antes había visto a Michello hablando con Evan. El recuerdo le arde en la nuca como una advertencia tardía.
El aire allí es distinto. Más frío. Más denso.
Su corazón late con fuerza, desacompasado, mientras una sola idea se repite en su mente como un martillo: Dauphine.
¿Está bien? ¿Está asustada? ¿Está sola?
La culpa se le enrosc