Alec la observa unos segundos antes de hablar, como si midiera el momento exacto.
—¿Bailas conmigo? —le pregunta, extendiéndole la mano.
Jules parpadea, sorprendida. Mira alrededor: la pista, la música lenta que se desliza por la cubierta, las parejas que se mueven con naturalidad.
—No sé bailar —confiesa, casi en un susurro.
La comisura de los labios de Alec se curva con suavidad.
—Entonces es perfecto —responde—. Yo te enseño.
Ella duda. Se muerde el labio, indecisa, sintiendo ese cosquilleo