Mikkel sentía la traición arder dentro de sus venas, envenenando su sangre, la imagen de ellos juntos, la manos de Arthur sobre la espalda de Lía, se le había grabado a fuego en su mente, un fuego que sentía que lo consumía, convirtiéndose en un odio peligroso.
Si esos dos creían que podían herirlo así y quedarse tan tranquilos como si nada hubiera ocurrido, estaban equivocados, desde ahora los consideraba sus peores enemigos.
Mikkel regresó a la mansión Skarsson, se sentía furioso, frustrado,