La arrastraron hacia un callejón lateral que estaba oscuro, Sigrid forcejeó, gritó. Pero nadie la escuchó, el fraccionamiento estaba demasiado aislado, había mucha distancia entre una casa y otra.
La tiraron al suelo, el segundo hombre, se quitó el cinturón, el otro sacó un cuchillo pequeño de su bolsillo. y se lo mostró a Sigrid.
—Por favor —suplicó Sigrid, las lágrimas rodaban por sus mejillas— tomen el dinero y las joyas, déjenme ir,, no me hagan daño.
El hombre se rió.
—Primero nos diverti