El reloj marcaba las 19:45, faltaban dos horas y cuarto.
Y Lía ya había decidido, Iría sola, Porque si Astrid quería sangre…
Que fuera la suya, no la de él, no la de Ver, la suya.
Y que después el mundo se quemara si quería, pero Mikkel no iba a despertarse a tiempo para detenerla.
Y cuando lo hiciera ya sería tarde, demasiado tarde.
Lía se quedó mirando la foto un segundo más, el pulso latiendo en las sienes como un tambor de guerra. La dejó caer sobre la mesita y se giró hacia la cama. Mikkel