531. Un incendio controlado.
Sostener diecisiete pulsos deja huella.
No visible.
Interna.
Cuando la red finalmente se estabiliza y las fluctuaciones bajan a niveles manejables, el silencio que queda en la sala es espeso. Denso. Cargado.
Estoy de rodillas sobre el suelo frío, respirando lento, intentando que el calor que me atraviesa no se convierta en desborde. La energía no se disipa después de alinearla. Se acumula.
Aeshkar es el primero en tocarme.
Su mano firme en mi nuca no pregunta. Ancla.
—Basta por ahora —dice con