527. Maera guarda silencio un segundo.
La ciudad cambia de ritmo en cuestión de horas.
Lo percibo en la red, en los mensajes cifrados que Saelith intercepta, en la manera en que los sensores urbanos empiezan a saturarse. Tres focos ya eran suficientes para inquietar. Pero la frecuencia sigue replicándose.
Cuatro.
Cinco.
El patrón no es idéntico en cada caso. Tiene variaciones sutiles. Como si cada cuerpo interpretara la misma partitura con matices propios.
El Consejo pierde precisión cuando algo deja de ser excepcional.
Estoy de pie