360. Allí donde el fuego me reclama.
A veces creo que el verdadero terror no nace del poder que uno libera, sino del instante previo, ese momento suspendido en el que el cuerpo tiembla sin saber si va a sobrevivir, si va a transformarse para siempre o si va a romperse de una forma tan definitiva que ni siquiera la memoria podrá reconstruir lo que quedó atrás, y es precisamente en ese punto en el que el ataque de los Selladores me encuentra, con el aliento todavía atado al nombre de Aeshkar, con la piel ardiendo por la unión recién