347. El filo del deseo interrumpido.
Aeshkar avanza con una determinación que no había mostrado ni siquiera en los momentos más violentos de su renacimiento, y yo lo sigo con la respiración aún atrapada en la frontera entre lo que pudo ocurrir entre nosotros y lo que ahora se despliega como una tormenta que exige toda nuestra atención. Sin embargo, incluso en medio de esta inminencia feroz, no puedo evitar sentir cómo el eco del instante interrumpido sigue latiendo debajo de mi piel, como si su presencia fuera una marca recién grabada que arde, persiste y se niega a apagarse.
El ser oscuro se despliega frente a nosotros con una forma cada vez más definida, ya no solo un remolino de sombras: ahora sus bordes se reorganizan en una silueta casi humana, un gesto perverso, una imitación burlesca del vínculo que reconoce entre Aeshkar y yo. Sus manos se alargan en cuchillas fluidas, y una sonrisa sin boca se insinúa en el contorno vibrante de su rostro incompleto. No habla, pero su intención se derrama con una claridad perturb