346. No permitiré que vuelvas a tocarla.
Névara sintió el calor perderse, vio cómo la posibilidad de ese acercamiento se evaporaba ante la irrupción del intruso. Su pecho dolió con una mezcla amarga de frustración y deseo suspendido. Aeshkar dio un paso delante de ella, instintivo, protector, territorial, interponiendo su cuerpo entre el ataque y su destino.
El ser oscuro retrajo el brazo de niebla, pero no retrocedió. Su forma se tensó, como si disfrutara del caos que acababa de provocar, como si hubiera esperado ese momento exacto p