343. Y la furia me despierta.
Y la furia me despierta.
Sin pensarlo, levanto mi mano, y algo que estaba dormido bajo mi piel desde quién sabe cuánto tiempo se enciende de golpe, no como fuego, sino como una vibración plateada que serpentea por mis venas y estalla hacia afuera en un arco luminoso que detiene el talismán en el aire. Los Selladores retroceden un paso, no por el ataque en sí, sino por lo que reconocen en él; veo el reflejo claro en su mirada: saben exactamente qué poder es este… y no pueden creer que se haya re