342. La irrupción.
Mis manos suben a sus hombros, y al hacerlo libero sin querer una ráfaga de energía que se mezcla con la suya, creando una vibración que sacude el aire alrededor. Las brasas del suelo se encienden como si despertaran de un sueño profundo, y el resplandor del fuego toma un tono más dorado, casi carnal.
Él aprieta mi cintura con una firmeza que me obliga a acercarme aún más, y cuando su muslo roza el mío siento que la magia responde de nuevo, subiendo como una ola que amenaza con arrastrarme por completo.
—Dalaneth —dice con una intensidad que me hace temblar—, este es el primer movimiento del poder que sellaron. No temas lo que se enciende entre nosotros. Fue creado para arder contigo.
Entonces, finalmente, sus labios rozan los míos.
No es un beso directo.
Es un roce lento, casi una provocación, un gesto diseñado para provocar el derrumbe que él sabe que estoy a punto de sufrir. Su aliento se mezcla con el mío, y la electricidad que pasa entre nuestras bocas es tan fuerte que siento có