330. La toqué.
El viento cambia justo cuando pienso que la noche no puede abrirse más, y sin embargo, allí, entre el resplandor irregular del fuego que se arremolina alrededor del cuerpo recién formado de Aeshkar —ese ser que todavía tiembla por la violencia de su propio renacimiento— siento cómo la realidad se distorsiona del mismo modo en que mi respiración se altera cuando él me mira, porque en sus ojos negros, ardidos por una luz interna que no es del mundo, descubro una sombra que conozco y a la vez temo