329. Los que vinieron antes de mi deseo.
Un fragmento regresa.
No como un destello breve, ni como una imagen rota, sino como una sensación que se desliza por mi nuca, baja lenta por mis costillas, y se ancla en el interior de mi pelvis con la misma intimidad con la que alguien que una vez amé rozó mi piel bajo la oscuridad de un santuario en ruinas.
Recuerdo —o creo recordar— una mano apoyándose con suavidad en mi espalda, una voz murmurando mi nombre mientras yo me inclinaba hacia un fuego que no ardía pero iluminaba, y siento un jad