311. Donde el fuego reclama su nombre.
Hay mañanas que no nacen con luz sino con presagio, y hoy la claridad no llega rompiendo la oscuridad —llega arrastrándola, negándose a dejarla ir del todo, como si el cielo entendiera que iluminar a un reino que comienza a arder es casi un acto cruel, un recordatorio innecesario de que lo visible también puede mentir.
Me visto despacio, no por coquetería sino porque mi piel aún late, como si la noche no hubiera terminado realmente, como si cada hilo del vestido deslizándose sobre mis hombros f