312. Él que arde y me mira.
Nadie habla, pero la noche respira, y cada exhalación que el reino deja escapar parece cargada de un temblor que no existía antes, como si las sombras mismas se preguntaran en silencio qué hemos liberado… y a quién.
Camino por el gran corredor de mármoles negros, donde antorchas húmedas susurran un crepitar inquieto; la llama no danza, sino que se inclina hacia mí, como si recordara el sabor de algo que nunca debió probar. Mis tacones resuenan despacio, medidos, como notas en una canción escrit