307. La tentación del Alfa.
Hasta que vuelve.
No lo veo primero; lo siento antes que nada. El silencio opresivo de la cámara se rompe con el sonido seco, cadencioso, de sus botas golpeando la piedra fría, un compás lento pero firme, cada paso cargado de una intención oscura que no necesita palabras para anunciarse. Luego llega el crujido de sus nudillos al cerrarse con fuerza, un aviso mudo, casi animal, que no viene en paz. Y ese olor… un aroma salvaje y primitivo, mezcla de bosque húmedo tras la lluvia, sudor reciente y una furia contenida que parece arrancarle la piel. Es un olor que siempre anuncia tormenta, que hace vibrar cada uno de mis nervios con miedo y algo más profundo.
Averis cruza la entrada con una sombra distinta en sus ojos; una oscuridad que antes no estaba o que quizás siempre estuvo ahí, oculta bajo capas que hoy se despejan para dejarla ver sin pudor. Su pecho desnudo brilla bajo la luz débil, el sudor marcando los músculos tensos como si acabara de cazar algo, llevando todavía la sangre y l