307. La tentación del Alfa.
Hasta que vuelve.
No lo veo primero; lo siento antes que nada. El silencio opresivo de la cámara se rompe con el sonido seco, cadencioso, de sus botas golpeando la piedra fría, un compás lento pero firme, cada paso cargado de una intención oscura que no necesita palabras para anunciarse. Luego llega el crujido de sus nudillos al cerrarse con fuerza, un aviso mudo, casi animal, que no viene en paz. Y ese olor… un aroma salvaje y primitivo, mezcla de bosque húmedo tras la lluvia, sudor reciente y