270. La velada interrumpida.
La noche huele a vino y a promesas rotas.
El banquete se extiende como un océano de oro y sombras bajo las lámparas suspendidas del techo, que titilan como estrellas cautivas en una bóveda de humo. A mi alrededor, los consejeros y los capitanes fingen armonía: brindan, sonríen, mienten con la naturalidad de quien ha hecho del engaño una plegaria diaria. Yo también sonrío, con los labios pintados de un rojo más peligroso que el veneno, y dejo que mi voz flote entre ellos como un perfume que los