253. El guardián de la rosa erotica.
La primera vez que lo veo entrar al salón, la sala parece menguar a su paso, no porque levante la voz ni porque arrastre con él la arrogancia de tantos que buscan ser notados, sino porque su sola presencia es peso y silencio, como una armadura invisible que lo rodea. El caballero veterano, de cabellos entrecano y cicatrices que cruzan su piel como escrituras olvidadas, avanza con paso firme, y aunque el protocolo exige que baje la cabeza ante mí, él me mira con una serenidad tan honda que sient