25. Luna Rota.
Camino sin mirar atrás, como si la distancia fuera un hilo que se tensa con cada paso y, en lugar de romperse, simplemente se disolviera en el aire, borrando el camino que me trajo hasta aquí. Las piedras bajo mis pies ya no me hieren como antes, o quizá lo hacen y no me importa; he aprendido que sangrar, cuando es por voluntad propia, no es señal de derrota, sino un rito de limpieza, y yo he sangrado tanto, por tantos, que la herida se ha vuelto parte de mí. Mis pasos ya no dejan huellas tímid