233. Tienes la mirada inquieta.
La mañana parece tranquila, como si el aire mismo quisiera prolongar esa ilusión de calma, pero en el fondo de mi pecho late una ansiedad que no sé si me pertenece o si la arrastro de sus sueños. El sol apenas roza las columnas del salón donde nos hemos refugiado, las cortinas filtran una luz dorada que acaricia más de lo que ilumina, y sin embargo hay en esa penumbra un presagio, un murmullo invisible que me recuerda que nada de lo que hemos conquistado con sudor y deseo está a salvo del filo