202. ¿Temías que no viniera?
La noche me envuelve con su manto de terciopelo oscuro, y mientras camino por los pasillos desiertos siento que cada piedra del suelo respira conmigo, que cada antorcha que arde en los muros late al compás de mis pasos, como si supiera que voy hacia un encuentro prohibido, un cruce de bocas y secretos que podría sellar mi destino con un beso envenenado o con un susurro maldito.
Me he escurrido lejos de la mirada de él, fingiendo cansancio, dejándolo creer que me entregaba al sueño después de co