17. La herida que respira

El aire tiene un silencio espeso cuando despierto, un silencio que no anuncia calma sino tormenta, que no descansa sobre el amanecer como un manto suave, sino que se agazapa y espera, afilado, como una hoja oculta bajo un paño. La manta todavía huele a Derek, a su sudor limpio, a mi piel mezclada con la suya, al calor que anoche nos cubrió como un refugio que no podía durar. Él duerme de lado, el rostro vuelto hacia mí, la respiración profunda y tranquila, como si el mundo hubiese decidido, sol
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