158. La cama del enemigo.
Nunca creí que la cama de un enemigo pudiera convertirse en mi escenario más íntimo de poder, pero esta noche, entre velas altas que gotean como cuerpos cansados de tanto arder, entre copas rebosantes de vino rojo que parece sangre recién derramada, descubro que el placer no es solo un arma sino también un disfraz, y que fingir sumisión es la forma más exquisita de dominio.
El hombre frente a mí —un miembro de la corte, rival encubierto del conspirador, uno de esos que se alimenta de rumores y