157. La corona del verdugo.
El silencio que queda tras el banquete es extraño, no es el reposo de la calma, sino el de una bestia que contiene la respiración antes de lanzarse al ataque, y yo lo percibo en cada rincón del salón donde aún huele a vino derramado, a sudor, a perfumes mezclados con el hierro del deseo; los cuerpos exhaustos yacen en cojines y alfombras, algunos dormitan, otros se vigilan en medio de suspiros entrecortados, pero ninguno se atreve a hablar demasiado alto, porque saben que la verdadera orgía no