150. El banquete de los traidores.
El palacio en ruinas respira ceniza y humo, pero la mesa que los sobrevivientes han dispuesto brilla con un esplendor grotesco, como si quisieran negar la devastación que nos rodea. Copas de cristal manchadas de vino rojo, carnes aún sangrantes servidas en bandejas de plata ennegrecida por el fuego, perfumes demasiado dulces que no logran ocultar el hedor a cenizas y cuerpos quemados. Yo camino a su lado, tomada por el brazo del gran conspirador, como si fuera su trofeo, su botín de guerra, y a