15. El olor del deseo.
El olor llega antes que sus pasos, como un presagio que precede a la tormenta. No es un aroma simple, no es solamente el sudor que se adhiere a la piel después de la caza ni la sangre seca que queda como un tatuaje invisible en el aire, sino algo más profundo, más primitivo, una nota grave que atraviesa mi nariz como una daga lenta, llenando mis pulmones con una advertencia que no necesito interpretar. El ambiente se espesa de repente, como si el jardín, las paredes y hasta el cielo reconociera