124. El precio de un gemido.
El eco ya no me canta como antes, no se abre en un murmullo cálido dentro de mis entrañas como si quisiera cobijarme, sino que vibra con una fractura que me atraviesa las venas y que siento desgarrar cada respiro, como si cada estremecimiento de placer que aún busco con desesperación arrancara una parte de los que me rodean, como si mis gemidos fueran un sacrificio que se cobra vida y no puedo ignorarlo, aunque me aferre al deseo como a la única llama que todavía me recuerda que estoy viva.
Hay