123. Piel contra acero.
El aire se espesa antes de que la silueta del campeón enemigo irrumpa en el claro como una sombra que no pertenece a este mundo, con esa mezcla de arrogancia y deseo que siempre me hiere más de lo que admito, y aunque sé que debería sentir únicamente odio, lo primero que me arde en la piel es el recuerdo de sus manos, el roce de su boca, la huella de una noche que nunca he podido arrancar de mi memoria.
—Névara…— su voz arrastra mi nombre como si fuera un arma, grave y lenta, con un filo que me