110. El filo entre el amor y la condena.
La traición no llega como un grito que rompe el aire, sino como un murmullo que se cuela en las grietas de mi confianza, suave, insidioso, casi imperceptible, hasta que de pronto me doy cuenta de que ya no puedo respirar con el mismo aire de antes, porque huele a sangre, a ceniza y a mentira. Estoy sentada en el santuario, mi piel aún tibia por las huellas que horas antes otros cuerpos dejaron en ella, cuando escucho el rumor de pasos que no deberían estar allí, pesados, armados, marcados por un