Cap. 95 ¿Y si simplemente... apagaron los teléfonos?
La madrugada en la Mansión La Tormenta era un manto de silencio, solo roto por el tenue rumor del viento en los jardines. Alba, sin embargo, no podía dormir.
Un sexto sentido, afilado por meses de peligro y alerta constante, la despertó. No eran ruidos fuertes, sino sutiles: el crujir de una tabla del piso en el pasillo lejano, el leve tintineo de cristal en la sala de estar, pasos amortiguados pero inquietos.
Pensó en Isabella. La habían esperado hasta tarde, pero ni ella ni Augusto habían re